NO SOY UN ROBOT

sept 10, 2026 0 comments




 ## I’m Not a Robot: demuéstrame que eres humano


Hay pocas cosas más humillantes en la vida digital que fallar un CAPTCHA.

—Selecciona todos los semáforos.

Los seleccionas.

—Incorrecto.

Vuelves a intentarlo.

—Selecciona todas las motocicletas.


Y ahí estás tú, un ser humano con años de experiencia siendo humano, dudando si ese pedacito de llanta que aparece en la esquina del cuadrito cuenta como motocicleta.


Hasta que una máquina decide que no.

Tú no eres humano.

Y de esa pequeña estupidez cotidiana parte "I’m Not a Robot", el cortometraje de Victoria Warmerdam que ganó el Oscar a Mejor Cortometraje de Acción Real en 2025.

La premisa es deliciosa.

Lara intenta pasar un CAPTCHA y falla.

Otra vez.

Y otra.

Y otra.


Lo que normalmente resolveríamos actualizando la página, insultando discretamente a Google o buscando otro navegador, aquí comienza a convertirse en una pregunta bastante más incómoda:

¿Y si el CAPTCHA tiene razón?

No quiero contar más porque buena parte de lo chingón del corto está en descubrir hasta dónde llevan esa idea.

Pero sí quiero hablar de algo que me fascinó.

Vivimos obsesionados con preguntarnos si las máquinas algún día serán capaces de parecer humanas.

Si una inteligencia artificial podrá escribir como nosotros.

Crear como nosotros.

Sentir como nosotros.

Enamorarse como nosotros.

Pero "I’m Not a Robot" voltea la pregunta:

¿Qué pasa cuando somos nosotros quienes tenemos que demostrar que somos humanos?

Y ahí la cosa cambia. Porque ser humano resulta bastante más difícil de comprobar que encontrar tres bicicletas en nueve cuadritos.


¿Somos humanos porque sentimos?

¿Porque dudamos?

¿Porque nos enamoramos?

¿Porque hacemos cosas absolutamente irracionales?

¿Porque nos equivocamos?

¿Porque tenemos recuerdos?

¿Porque podemos sufrir?


Y todavía peor:

¿quién tiene derecho a decidirlo? ¿UN CAPTCHA??

El corto juega con ciencia ficción, humor negro y absurdo sin convertirse en una de esas historias futuristas llenas de pantallas transparentes, ciudades oscuras y robots con lucecitas azules.

Al contrario.

Todo sucede en un mundo tremendamente normal.

Y precisamente por eso funciona.

Porque AQUÍ, la tecnología más inquietante llega integrada.

Aceptamos términos y condiciones.

Damos clic.

Permitimos acceso.

Respondemos preguntas.

Y seguimos con nuestra vida.


Hasta que un día el sistema sabe algo sobre nosotros que nosotros mismos no sabíamos.

Hay además una ironía maravillosa en todo esto.

Durante años inventamos pruebas para evitar que los robots se hicieran pasar por humanos.


Ahora estamos entrando en una época en la que probablemente tendremos que inventar pruebas para demostrar que los humanos seguimos siendo humanos.


Y quizá ningún CAPTCHA pueda resolver eso.

Porque tal vez nuestra humanidad está justamente en todo aquello que una prueba perfecta consideraría un error: contradecirnos, sentir miedo, cambiar de opinión, enamorarnos de la persona equivocada, hacer algo sin sentido, llorar por una canción, reírnos cuando no deberíamos o perder diez minutos discutiendo si un cuadrito contiene o no contiene un puto semáforo.

¿Cómo demostrarías tú que eres humano?

Está chingón.

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