Mientras unas ideas necesitan 48 slides de estrategia para explicarlas.
Existen otras que ves y dices:
“Ah, no mames. Claro.”
KFC y Cheetos Flamin’ Hot acaban de lanzar una colaboración en Canadá y encontraron una de esas ideas absurdamente sencillas que probablemente llevaban años esperando a que alguien las viera.
Un Cheeto puede parecer pollo frito.
Ya. Esa es la idea.
Porque resulta que existe toda una tradición entre los fans de Cheetos de encontrar formas extrañas dentro de las bolsas: Un dinosaurio.Una persona.Una bota. El rostro de Jesús.
Pero alguien en la agencia Courage, la agencia detrás de la campaña, hizo una conexión bastante más útil:
algunos Cheetos parecen pequeños muslos de KFC.
Y de ahí construyeron todo.
La campaña te pone frente a imágenes y te hace jugar:
¿POLLO O CHEETOS?
Y sorprendentemente tienes que verlo dos veces.
Eso me encanta porque no intentaron inventar un universo artificial para justificar que dos marcas hicieran una colaboración.
Encontraron algo que ya existía entre ellas.
La forma.
El color.
Lo crujiente.
Todo embona.
Y ésa es quizá la diferencia entre juntar dos logos y realmente encontrar una idea que una dos marcas.
Porque colaboraciones hay muchas: Marca X + Marca Y.
Edición limitada.
Foto.
Post.
Se acabó.
Aquí encontraron una pequeña verdad visual que hace inevitable la colaboración.
Después vino el producto: hamburguesa con Cheetos Flamin’ Hot, papas, salsa y hasta una bebida inspirada en el sabor picante. Pero para mí, lo más chingón no es esto, está en la forma de contarlo.
Porque muchas veces creemos que una gran idea consiste en inventar algo que nadie había imaginado.
Y a veces es exactamente al revés.
La idea estaba ahí.
Dentro de una bolsa de Cheetos.
Nomás faltaba que alguien la viera. Lo contará y lo vendiera.





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